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En trànsit, una crida a l’afecte

septiembre-2016
València

Son muchas y diversas las razones que pueden llevar a una persona a acabar viviendo en la calle y perderlo todo. Pueden ser económicas, familiares o, quizás, derivadas de huir de la guerra, del hambre o de la intransigencia con el diferente. Sea cual sea la razón que ha llevado a esta persona a tan dramática situación, debería encontrar allí donde fuera, como mínimo, empatía, respecto y acogida. Y no desprecio ni indiferencia. 

Una vez llegados a esta situación, la vulnerabilidad y el riesgo de exclusión son inmensos. Queremos ofrecer un espacio temporal que ayude a reducir las nefastas consecuencias, que sea un impulso para reforzar su autoestima y donde sepan que hay personas que estarán a su lado para ayudar.

La propuesta que se pedía en el concurso era un cobijo en el que ponerse a resguardo de la lluvia y el sol, donde pasar una noche hasta que sean reubicados en un lugar definitivo. Pero no sólo: debe ser también un lugar que contemplen como un mínimo hogar, que cuente con un espacio para descansar y poder almacenar las pocas cosas que hayan podido llevar con ellos en tan largo viaje.

Pero no queríamos que este lugar fuera aséptico y frío, muchas veces sinónimo de temporalidad y del “mientras tanto”, sino que debía parecerse más a una casa que a un prototipo.

Debía ser un lugar que fuese interior, un lugar donde recuperar la intimista perdida. Pero también pensábamos que era importante que permitiera la relación, si es que así se quiere, con otras personas, para no perder los vínculos personales y poder hacer nuevos. Construir unos espacios intermedios entre las diferentes casas donde poder sentarse acompañado, donde poder quitarse los zapatos y sentirse un poco más en casa, donde poder disfrutar y encarar con optimismo el tiempo que todavía hay que vivir. 

Y todo esto sin caer en la ingenuidad o en emular situaciones naïf: sabemos que vivir en la calle es una situación dramática y que esto no es más que un intento de dar una solución de emergencia. Pero, ¿por qué no hacer este breve espacio temporal lo más optimista posible? 

Debía ser también un objeto fácil de usas: cuando no es una casa es una caja plegada y apilada que puede almacenarse. 

Cuando es necesario utilizarla se puede transportar sobre ruedas que la elevan del suelo y, enganchada a un remolque o una bicicleta, puede llevarse hasta el lugar donde se instalará. Una vez allí se podrá desplegar fácilmente por dos personas, de una manera rápida y eficiente.

A pesar de ser una construcción de uso temporal, queríamos que no fuese solo un lugar donde pasar la noche, sino que también pudiera ser habitado. Es por ello que utilizamos materiales que son familiares y que se relacionan con la calidez de una casa, como la madera, la cerámica o la caña. 

Y también profundizamos en las relaciones personales. No obliga a tenerlas, pero si favorece que puedan ocurrir al poder agrupar varias casas y crear entre ellas un espacio de convivencia. 

En trànsit, una crida a l’afecte

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