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Equidad habitacional… todavía no sé qué significa, pero me gusta cómo suena

28/04/2020

La lista de textos y análisis que leemos en estos días extraños los interesados en el habitar y en las domesticidades debido a la larga sombra que proyecta el COVID-19 es infinita. Pero es comprensible, pues casi sin darnos cuenta, de un día para otro las circunstancias nos han obligado a confinarnos en nuestra casa y ésta se ha convertido en un lugar en el que, forzosamente, tener que desarrollar todas las actividades diarias que acostumbrábamos a realizar en entornos muy diversos. De una manera inconsciente, tanto los interesados en la materia como quienes hacen uso de las viviendas, estamos reflexionando sobre los espacios que habitamos y nos estamos preguntando: ¿Cumplen con las expectativas que habíamos depositado en ellas? ¿están nuestras viviendas preparadas para acoger tantas y tan diversas actividades? Estamos siendo conscientes y descubriendo muchas carencias que en el día a día nos pasan desapercibidas pero que en realidad están siendo un hándicap para nuestra vida cotidiana. 

Pero también hemos podido comprobar que las viviendas se transforman para cambiar su uso y convertirse en escuela, en lugar de trabajo, en gimnasio o en espacio donde socializar (a distancia) con familiares y amigos. Hemos visto que los balcones, muchas veces tristemente mero decorado de las fachadas, han potenciado su uso como estancia más de la casa y han pasado a ser ese espacio intermedio, ese umbral en el que acercarnos a nuestros vecinos y a la ciudad. Se han convertido en la única vía de escape de nuestro cuerpo con el exterior: nos permiten respirar, ver el cielo, el sol o sentir la lluvia. Hemos podido atisbar que la colectividad puede ofrecer cuidado en comunidades. Pero también hemos sido testigos de una de las más dañinas consecuencias del capitalismo, la desigualdad social, que se manifiesta de manera muy evidente en los espacios que habitamos. 

Cuando acabe este triste retiro de confinamiento, ojalá nuestra sociedad comience a ser consciente de que una casa tiene que ser, no solo un lugar que atienda a las necesidades fundamentales -cobijarse, comer, asearse, dormir-, ni tampoco la suma de un salón comedor, tres habitaciones, una cocina y un baño, sino una sucesión de estancias capaces de acoger muchas otras necesidades relacionadas con el habitar, micro actividades tan diversas e infinitas como dispares y flexibles son las personas que la habitan. El poder que los ocupantes tenemos sobre nuestras viviendas afortunadamente se empieza a vislumbrar.  

Curiosamente, de los espacios domésticos y del papel de la vivienda como lugar heterogéneo queríamos reflexionar en la primera edición de Ciudad Contexto, un prototipo que fue seleccionado por el programa Designscapes y en el que íbamos a trabajar de manera muy activa y presencial durante los meses de abril y mayo junto a Silvia Puerto e Irene Reig y Maje Reig de Carpe. Las circunstancias, sin embargo, nos han obligado a reubicarlo en el tiempo y a modificar el medio en el que se desarrollará. Se transforma ahora en un programa ofrecido íntegramente en formato digital, que no renuncia ni a la temática ni a los objetivos iniciales y con la certeza de que desde nuestras casas nos será más fructífero reflexionar sobre cuestiones domésticas. 

El leitmotiv de esta edición inaugural (ojalá en un futuro podamos promover otras) es la  Equidad Habitacional, un concepto en fase embrionaria que desde el IVE y la Càtedra Habitatge de la Upv quiere aglutinar las diferentes experiencias alrededor de la vivienda acumuladas a lo largo de más de un siglo a partir de tres ejes temáticos: la flexibilidad, la diversidad y la solidaridad. Es muy interesante porque estudia el concepto de lo habitacional desde amplias perspectivas: espacial, constructiva y social, pero siempre con la premisa de que en el centro de su diseño se encuentran las personas, su diversidad y necesidades. Lo que lo hace más interesante todavía es el hecho de que sea una iniciativa que emana de la propia administración, que evoluciona de la mano de la academia y que ahora permita que sea repensada por el conjunto de la sociedad, profesionales y ciudadanos. En el horizonte se vislumbra, además, que en algún momento pueda llegar a convertirse en normativa. Sería una muy buena noticia que los arquitectos volviésemos a implicarnos, aunque sea por estricta obediencia, en los temas que determinan la configuración de la vivienda colectiva más allá de los parámetros que vienen fijados por el mercado.

En Ciudad Contexto reflexionaremos en torno al concepto de equidad habitacional en dos ciclos diferenciados: En el primero, Descifrando la equidad habitacional, ahondaremos en qué parámetros cuantitativos definen una vivienda equitativa con el objetivo de desarrollar una herramienta que nos permita evaluarla. Mediremos la repercusión que la flexibilidad espacial, la diversidad social o los cuidados tienen en el diseño de la vivienda colectiva.

En un segundo ciclo, Ingredientes para un festín doméstico, recogeremos el testigo de los retos planteados en el primero y exploraremos imaginarios cualitativos (proporción, forma, perspectiva, relación espacial,…) que nos ayuden a proyectar una vivienda equitativa. ¿Es posible, como se pregunta Peter Märkli, establecer una relación entre una forma de vivir y un orden espacial? ¿es posible medir propiedades inmateriales?¿cómo se categoriza una sensibilidad subjetiva y circunstancial? ¿Podemos clasificar conceptos que definen la calidad de los espacios dentro de la triada Flexibilidad/Diversidad/Solidaridad que plantea el concepto de Equidad Habitacional?¿Podemos cuantificar esas condiciones intangibles para que lleguen a formar parte de una herramienta de medición futura? 

Ernesto Nathan Rogers escribía en 1946 en el número 205 de la revista Domus su definición de lo que era una casa partiendo de una aproximación fenomenológica desde la propia experiencia en el habitar: “Una casa no es una casa si no es caliente en invierno, fresca en verano, serena en todas las estaciones para acoger a la familia en espacios armoniosos. Una casa no es una casa si no recoge un rincón para leer poesía, una alcoba, una bañera, una cocina. Esta es la casa del hombre […]. 

Raimund Abraham en su poema de 1972, Elements of the house, que conocimos a través de Ethel Baraona Pohl, definía la vivienda como la suma de condiciones psicológicas que remueven nuestro interior y nos evocan paisajes domésticos: sueños, ilusiones, memoria, intimidad, absurdo, despertar, el viento, las estrellas, abismos, flores, cubos, vacíos,… entre muchos otros.

Las dos definiciones de lo que es una casa, a pesar de provenir de perfiles de arquitectos muy dispares, nos parecen interesantes como partida para reflexionar sobre las preguntas anteriores. Ambas recalan en experiencias personales y se aproximan a la concepción de la vivienda desde su espacio, sus objetos, sus rituales.  

Infinitos son los proyectos e investigaciones que trabajan alrededor de la casa y lo doméstico, pero la mayoría de las veces desde la lógica intelectual propia de la disciplina arquitectónica. Sin embargo, el habitar concierne a quien diseña y a quien legisla pero también a quien lo habita. Ciudad Contexto plantea, en un momento delicado y concreto en el que nuestras viviendas son el lugar de nuestros quehaceres, múltiples retos y preguntas alrededor del habitar que nos permitirán comprobar cómo son nuestras viviendas actuales con un objetivo muy claro, romper con los límites de la disciplina arquitectónica e impactar en el imaginario colectivo sobre cómo queremos que sean nuestras viviendas futuras.

 

* Ilustración de Heath Robinson. Él y K. R. G. Browne reflexionaron en How to live in a flat, a su satírica manera, sobre la casa en el periodo de entreguerras.

** Ciudad Contexto: Diseño de Carles Rodrigo y desarrollo web de White App