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La arquitectura mediterránea no es un estilo, es una responsabilidad

Para hacer una buena arquitectura, en nuestra opinión, es fundamental repensar los proyectos desde una perspectiva local que atienda a las características climáticas del lugar en el que se ubica. Y más aún en un mundo globalizado y deslocalizado de crisis climática como en el que nos encontramos.  

A nosotras nos interesa la arquitectura vernacular porque habla de raíces, de lugares concretos y ayuda a generar la conciencia de un territorio adaptándose a su clima, cultura y recursos. Y nos interesa la arquitectura mediterránea especialmente porque es la arquitectura a la que nos atamos geográfica y emocionalmente. 

Sobra decir que es un sinsentido construir en València, por acotar a nuestro entorno más inmediato, un edificio totalmente acristalado que va a necesitar una gran cantidad de energía externa y estar hipertecnologizado para climatizarse y ofrecer confort. Del mismo modo que no sería lógico construirlo en Oslo con grandes voladizos que ofrecen espacios de sombra en el interior cuando lo que se quiere es aprovechar la luz.

Parece algo de perogrullo pero, desgraciadamente, a día de hoy todavía no lo es. A nuestro alrededor vemos edificios construidos con fachadas finas, sin protecciones solares o que resuelven de la misma manera todas sus fachadas independientemente de la orientación a la que respondan. Y no ya solo edificios construidos en décadas pasadas en las que la conciencia climática era limitada, sino en proyectos contemporáneos que, a pesar de cumplir con el código técnico, se han construido de manera deslocalizada y ajena a un entorno local y cercano. 

La arquitectura mediterránea es una arquitectura “cebolla”

Definir la arquitectura mediterránea hace por tanto referencia a nuestra arquitectura vernácula; del mismo modo que en otros lugares la arquitectura vernácula es otra. Arquitectura mediterránea es en sí un concepto tan amplio como lo es la región, pero en todas las arquitecturas mediterráneas existen características comunes que ayudan a evidenciar similitudes y en las que en gran parte su razón de ser deriva en cómo vivir, cómo abrirse o cerrarse al exterior.  

En nuestra mente una de las características más fuertes de la arquitectura mediterránea es cómo ésta abraza y abriga a las personas que acoge, cómo sus diferentes y numerosas pieles de las que se compone van controlando las sensaciones que se quieren conseguir: las pieles gruesas nos dan inercia mientras que las pieles finas nos protegen del sol. Algo así como una arquitectura cebolla en las que se añaden capas o se sustraen en función de las necesidades. 

Otra característica a destacar en la arquitectura mediterránea es la presencia de los espacios intermedios, las galerías, porches o balcones que a veces cuesta, por su ambigüedad, determinar si son espacios interiores o exteriores dado que son en realidad una transición entre ambos. Además de ayudar a mitigar y controlar altas o bajas temperaturas, favorecen el encuentro y la conversación de las personas; de modo que permiten seguir cultivando la personalidad mediterránea a la fresca en verano y cobijados en invierno. 

En València, por acotar de nuevo en el entorno inmediato en el que solemos trabajar, la temperatura media anual es de 18 ºC y disfrutamos de más de 300 días de sol al año. Puede sonar a eslogan, pero es nuestra realidad, una suerte de la que nos podemos aprovechar. Por tanto, reiteramos de nuevo que diseñar desde este contexto no es una elección estética, sino una respuesta lógica y consciente al lugar que habitamos.

La arquitectura mediterránea no es un cliché

La arquitectura mediterránea no consiste en llenar los espacios de rafia, azul turquesa, teja o cal. Esa acumulación de clichés es algo que conviene superar. Entendemos lo mediterráneo como una herramienta analítica desde la cual reinterpretar la arquitectura popular local, aprendiendo de sus lógicas y virtudes, distinguiendo qué funciona y qué no, aprovechar sus bondades sin caer en el mimetismo. No hablamos de materiales concretos, sino de una arquitectura honesta, sencilla y sin artificios que sea capaz de reinterpretar desde la contemporaneidad.

Hablar hoy de arquitectura mediterránea no implica reproducir una imagen folclórica del sur ni recurrir a un catálogo de recursos formales, sino que implica entender el Mediterráneo como una cultura material y atmosférica, una forma de pensar el espacio desde el clima y el tiempo.

Los proyectos de arquitectura concebidos desde una perspectiva mediterránea contemporánea permiten entender el diseño como una herramienta capaz de preservar la cultura propia, promover la sostenibilidad y el respeto por el entorno, y establecer un vínculo continuo entre pasado, presente y futuro.

La arquitectura mediterránea es una manera de construir y habitar basada en la medida, la luz, la sombra y la relación entre interior y exterior. Incluso puede actualizar sus sistemas constructivos, industrializados y seguir siendo mediterránea, siempre que mantenga unas lógicas conceptuales claras y una profunda adaptación al entorno.

Piano Piano Studio: una práctica mediterránea

En nuestro estudio trabajamos desde esa sensibilidad. Cada proyecto es una conversación con el lugar y con quienes lo habitan. Observamos la orientación, el clima, los recorridos de la luz… A veces lo hacemos con materiales naturales, otras con soluciones técnicas contemporáneas. Pero siempre pensando cómo se habita, cómo se ilumina o cómo se recorre un espacio.  

Nuestra práctica reivindica la sensatez constructiva, la economía de medios y la búsqueda de confort a través de estrategias pasivas, ya sea mediante un muro de cal o mediante una celosía metálica que remite a una solución contemporánea. 

En nuestros proyectos la tradición se lee como un marco de referencias, un imaginario, más que como un repertorio formal. Así, la tipología del patio se transforma en estrategia de luz y clima mientras que la masa térmica,todas las capas que conforman los cerramientos y las cubiertas, en equilibrio energético. 

Todo ello lejos de la nostalgia: no se trata de recuperar una imagen del pasado, sino de aprender de una inteligencia constructiva interiorizada que ha sabido responder con sencillez y sentido común. Y esta es la lógica que nos interesa, la que busca el confort desde lo esencial, la que usa la vegetación y la sombra construida como un material más o el tiempo como parte del proceso que transforma la arquitectura.

Así entendemos nuestra práctica, como una arquitectura que no imita la tradición, sino que dialoga con ella; que se adapta al presente sin perder la memoria del lugar alejada de modas pasajeras.