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Taller: Érase una vez un jardín

Empieza la primavera y, con ella, los jardines comienzan a brillar y a teñirse de colores.

El diseño de un jardín fue la temática elegida, junto a la profesora del centro, para realizar un taller con los alumnos de segundo de infantil en el CEIP Santa Teresa de València.

De la mano de Roberto Burle Marx, transmitimos a los alumnos de cuatro y cinco años la importancia del diseño en los jardines. Durante la sesión, explicamos cómo la figura del arquitecto paisajista resulta clave para encontrar el equilibrio entre lo pavimentado y lo natural, así como la importancia que tiene el color, y cómo las texturas y los olores influyen en las personas que visitan los jardines.

Para que el taller se desarrollara de una manera amena e interesante para los niños, dividimos la sesión en dos partes:

La primera parte consistió en una presentación en la que mostramos los diferentes elementos que pueden formar parte de un jardín: césped, árboles, agua, flores, caminos o espacios de juego. Esta presentación estuvo acompañada de una narración cercana y amable en la que el protagonista, el señor Max (Burle Marx), ayudaba a una triste casa blanca con un jardín sin vida a transformarse en un espacio lleno de color, texturas y diversión.

La segunda parte se centró en la construcción de una maqueta. Como punto de partida, se facilitó a los niños una casa blanca sobre un folio en blanco (su jardín), y durante unos minutos se convirtieron en pequeños arquitectos paisajistas.

Como suele ocurrir cuando trabajamos con niños, la imaginación sin límites hizo de las suyas y dio lugar a jardines inimaginables. Con gran entusiasmo, explicaban las decisiones que habían tomado en sus diseños. Surgieron propuestas sorprendentes, mágicas y mucho más complejas de lo que inicialmente habíamos planteado.

Todo el taller fue posible gracias a la buena disposición de Isabel, la profesora, quien propuso la idea de diseñar un jardín. A partir de esa propuesta, desarrollamos una actividad que simulaba un proceso arquitectónico, adaptado, por supuesto, a la edad del alumnado.

La conclusión desde Piano Piano fue clara: ¿por qué no involucrar a los niños en el diseño de los espacios que habitan?

A nosotras no se nos habría ocurrido crear una zona para animales ni colocar una escalera para subir al tejado ni tampoco incluir una cama elástica para fiestas con amigos…

Definitivamente la imaginación sin límites de los niños lleva a resultados verdaderamente brillantes.