Relatos Proyectos Contacto Arquitectas

Casa de doce pilares

junio-2018 - octubre-2021
Foios (València)
Colaboradores:

Temcco Estructuras
Luis Ros. Arquitecto técnico
Diego Romero. Arquitecto técnico
Paula Cerverón. Estudiante de Arquitectura
Elif Lahor. Estudiante de Arquitectura
Milena Villalba. Fotógrafa

Hasta decidirse por la construcción de la vivienda, Alberto y Manuela vivían muy cómodos en su casa de múltiples alturas en Port Saplaya en la que abrían la ventana y sus vistas eran la amplitud del mar y el puerto deportivo. Para tener más cerca a la familia, optaron por construir la “Casa de doce pilares”.

La parcela escogida en la que iniciar una nueva vida se encontraba en una zona de expansión de Foios, en el borde entre el pueblo y la huerta, entre una calle muy tranquila y un parque que hace de colchón previo a los campos de naranjos. La manzana contaba con parcelas de fachada estrecha y profundas que no estaban todavía edificadas en su totalidad. 

Al tratarse de una zona poco construida por el momento y quedar apartada del núcleo urbano consolidado, pocas eran las referencias del entorno con las que poder relacionarse y las que poder asimilarse. Tampoco los condicionantes normativos eran especialmente restrictivos. El hecho de tener un entorno no edificado era bueno por una parte, puesto que nos iba a permitir tener más libertad para plantear el proyecto. Pero por otra, siempre es complicado hacer arquitectura completamente descontextualizada. De modo que optamos por ser fieles a nuestros propios referentes e iniciar el proyecto en base a ellos, diseñar una vivienda cuyo volumen y envolvente nos recordasen dónde estábamos y nos atasen al lugar de forma muy consciente.

El programa requerido era sencillo y útil para una pareja que quería compartir su casa con la familia. Por tanto, debía ser cómoda para ellos, pero también para los nietos con quienes pasan tiempo a diario. 

Desde el exterior la imagen de la vivienda proyectada es de apariencia discreta: materiales conocidos y habituales para manos curtidas en el oficio de nuestra zona, un aparejo de ladrillo bien ejecutado y detalles en piedra caliza, huecos controlados y un sutil gesto con intención geométrica que anticipa el resultado en el interior. 

El proyecto puede dividirse en tres espacios concatenados a lo largo de la parcela en sentido este-oeste: un primer volumen al que se accede desde la calle principal alberga la casa y el porche, un segundo volumen en el extremo oeste, junto al parque, que acoge la cochera y la barbacoa. Entre ellos, un patio en el que irá creciendo la vegetación conforme pase el tiempo . De esta manera, se favorecen las ventilaciones cruzadas y la distribución en la dos plantas que conforman el volumen de la vivienda. 

Los clientes querían una vivienda que diese sensación de amplitud. Planteamos el acceso central por la fachada principal para que el fondo de perspectiva desde el inicio fuese el patio y que la sensación nunca fuese la de encontrarse en un espacio pequeño ni excesivamente compacto. 

Al acceder a la vivienda la sensación es la de recogimiento en un espacio a menor altura, pero a la vez de amplitud al conectarse visualmente con un distribuidor en la primera planta y al introducir mediante éste un punto de luz cenital.

Al atravesar el umbral y el acceso a las zonas más privadas de la vivienda llegamos a un espacio de altura y media y cerrado con cubierta inclinada en la que se dan los usos diurnos y compartidos. Mudarse de casa, aunque cambien el entorno y la manera de relacionarse con la vivienda, no debería suponer renunciar a las comodidades y a las costumbres que uno ha ido adquiriendo en otra vivienda a lo largo del tiempo. 

En el extremo opuesto al acceso en este primer volumen se encuentra el porche, entendido como espacio que ensancha y difumina el límite entre el interior y el exterior. Si bien en su casa actual la familia se reúne cada domingo en la terraza techada del ático, la misma tradición podrían seguir ahora en el porche equipado con todo lo necesario para ello.

La orientación este-oeste con la que cuenta la vivienda iba a permitir aprovechar el sol y la brisa. El porche a oeste permitiría la entrada en el interior del sol bajo de la tarde en invierno, así como la protección del interior en los meses cálidos proporcionando una sombra adecuada.

En la fachada este, la de acceso, una terraza retranqueada y compartida entre las dos estancias superiores iba a posibilitar el disfrutar de la fresca encarados al mar.

Si en el imaginario colectivo se asocia la cubierta inclinada de teja y la fachada de ladrillo a una casa tradicional y a la arquitectura popular, aquello que comentábamos más arriba que nos ligaba de forma consciente al lugar, la intención en el interior era la opuesta. Planteamos espacios abiertos en los que los volúmenes cerrados fuesen los mínimos y en los que las vistas cruzadas y la introducción de la luz fuese de manera cenital. La estructura se resuelve con perfiles metálicos circulares y esbeltos que quedan vistos, los doce pilares, que estructuran el espacio y dan la sensación sobre nuestras cabezas de tener una cubierta etérea. Esta sensación de ligereza se refuerza con la escalera que, más allá de ser un elemento másico, es todo lo contrario: una escalera liviana construida también con perfiles metálicos. Frente a este elemento más delicado se construye en el extremo opuesto una pieza que aloja baños y una despensa y que emerge como un elemento escultórico muy contundente. 

Hemos intentado realizar una propuesta muy sencilla para el programa doméstico requerido, en la que el sistema constructivo es claro, concreto y de rápida y fácil ejecución. Hemos intentado hacer una pieza delicada que une el pueblo con la huerta a través de dobles alturas, vistas cruzadas, cubiertas inclinadas y espacios que se dilatan y contraen, que te reciben e invitan a medida que te adentras en su recorrido. 

Casa de doce pilares

1/20