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Encontro Bienal de Nova Arquitectura del COAG en Padrón, A Coruña

El pasado 12 de junio viajamos hasta Padrón, A Coruña, para participar en el Encontro Bienal de Nova Arquitectura organizado por el COAG y Cortizo en el Campus Tecnolóxico Cortizo.

La jornada se estructuró en torno a presentaciones, mesas de debate y espacios de networking en los que se se abordaron temas como los modelos de gestión en estudios emergentes, la internacionalización de la profesión y el papel de las nuevas generaciones en la toma de decisiones dentro del ámbito arquitectónico. Al mismo tiempo nos dio la oportunidad de conectar con muchos estudios jóvenes del conjunto del estado y Portugal con quienes compartimos generación e inquietudes y poner cara a muchas personas con las que llevamos tiempo coincidiendo a distancia. 

La jornada reunió a estudios jóvenes de distintos puntos de la península para hablar sobre cómo ejercemos la profesión hoy, qué modelos de práctica están apareciendo y cuáles son los retos que compartimos como generación. Más allá de las mesas y las ponencias, desde Piano Piano participamos en la mesa Construcción industrializada y oficios: retos y oportunidades, junto a Eló y Amodo Estudio, moderados por Alejandro Tarrío.

Nuestra posición durante la conversación fue bastante clara: no creemos que industrialización y oficio deban verse como dos mundos enfrentados, sino al contrario. Hay muchas cosas que la arquitectura puede aprender de la industria: más planificación, mejor coordinación, menos improvisación, mayor control de tiempos y recursos o una mayor conciencia ambiental. Pero al mismo tiempo creemos que el oficio sigue siendo un valor fundamental porque está ligado a las personas, al conocimiento acumulado de la tradición y a la identidad de cada lugar.

Quizás por eso nos preocupa que, en ocasiones, la industrialización se asocie únicamente a la repetición y la estandarización. Cuando la rapidez y la rentabilidad se convierten en los únicos objetivos, corremos el riesgo de producir edificios cada vez más parecidos entre sí, independientemente de dónde se construyan. Es algo que vemos con frecuencia en nuestras ciudades: promociones que podrían estar en cualquier sitio porque han dejado de responder a las particularidades de su entorno.

En nuestro caso, además, trabajamos habitualmente en rehabilitación y en proyectos de pequeña escala, ámbitos donde resulta difícil aplicar sistemas cerrados o soluciones excesivamente estandarizadas. Nos interesa trabajar con lo existente, con las limitaciones y oportunidades de cada lugar y con las personas que finalmente construyen los proyectos. Y ahí el oficio sigue ocupando un lugar central.

Aun así, vemos con interés muchas de las herramientas asociadas a la industrialización. Más que la idea de fabricar edificios como productos, nos interesa la posibilidad de profesionalizar los procesos, definir mejor los proyectos desde el inicio, coordinar mejor a todos los agentes implicados y reducir errores durante la obra y poder así construir mejor.

Uno de los aspectos más interesantes del encuentro fue comprobar cómo el territorio sigue condicionando afortunadamente la buena arquitectura y escuchar a los compañeros gallegos nos permitió percibir cómo el clima, la luz y el paisaje determinan su manera de proyectar. Mientras que en el norte la preocupación suele estar en captar la luz, protegerse de la lluvia o generar espacios luminosos y acogedores, en el Mediterráneo trabajamos constantemente con la sombra, los filtros, los espacios intermedios, la vegetación y el control solar.

Precisamente por eso creemos que la industrialización debe ser capaz de adaptarse a contextos distintos. Una arquitectura pensada para Galicia no debería ser la misma que una pensada para València. Si la industrialización quiere formar parte del futuro de la construcción, tendrá que encontrar formas de incorporar estas diferencias en lugar de eliminarlas. En un mundo en el que lo que necesitamos es hacer local lo global, ¿por qué no intentar que el oficio aprenda de los procesos de la industrialización en cuanto a la organización, el orden, la eficiencia y la eficacia pero permitir que se continúen desarrollando proyectos singulares y únicos en función de su contexto? 

Nos quedamos con una idea que atravesó toda la conversación: quizás el reto no sea elegir entre industria y oficio, sino aprender a combinar lo mejor de ambos mundos. Aprovechar la organización, la eficiencia y la precisión que aporta la industria sin perder aquello que hace que cada proyecto, cada ciudad y cada territorio sean diferentes.

Agradecemos al COAG y a Cortizo la invitación a formar parte de este espacio de intercambio, así como la oportunidad de compartir mesa con profesionales que, desde diferentes enfoques, están contribuyendo a redefinir la manera en que concebimos y construimos la arquitectura.