Dibujar arquitectura: la importancia del plano en el proceso de proyecto
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¿Qué es un plano en arquitectura y para qué sirve?
Un plano es el elemento básico de representación en la arquitectura. Nos permite comunicar cómo se tiene que construir un elemento arquitectónico sea cual sea su escala en base a un lenguaje común a todos los que pueden participar en un proyecto de arquitectura: equipo de arquitectura y otros especialistas con quienes colaboremos, los diferentes oficios que vayan a ejecutar una obra a partir de ellos o incluso el propio usuario final que, durante el proceso de proyecto, pueda ser capaz de entender cómo será ese espacio antes de verlo construido.
El plano como herramienta para pensar y proyectar la arquitectura
Pero también es una herramienta ilusionante que permite pensar un espacio antes de que exista y que comienza a discurrir en paralelo desde que empieza a tomar forma en la mente. Independientemente del medio que se utilice para obtenerlos, un plano es la base para poder comunicar una información, narrar una idea, explicar un proyecto o transmitir cómo es un espacio.
A través de líneas, escalas y proporciones, el plano organiza relaciones entre espacios, recorridos, materiales, estructuras e instalaciones permitiendo anticipar cómo se construirá y cómo se habitará un proyecto. En este sentido, dibujar planos implica un proceso de análisis y decisión donde cada línea define dimensiones, límites y relaciones. El plano es un instrumento de trabajo que articula idea, detalle y construcción, o dicho de otra manera: pensamiento, técnica y ejecución, y es donde la arquitectura comienza a tomar forma de manera precisa y consciente.

Cómo utilizamos los planos para trabajar con nuestros clientes
Cuando trabajamos con un cliente final conocido (como lo es en la mayoría de nuestros proyectos), nos gusta hacer una arquitectura que, en cierta manera, sea pedagógica, que permita establecer un intercambio de ideas no impositivo por ninguna de las dos partes. Y el plano es una de las herramientas que permite trabajar de esta manera.
Nuestras primeras reuniones siempre comienzan con planos: plantas, alzados y secciones. Rara vez aparecen maquetas o propuestas en tres dimensiones con ideas muy concretas de materialidad. Realizamos planos que va incorporando más y más información, más y más detalle a medida que las reuniones se suceden.
La importancia de las plantas, alzados y secciones en el diseño arquitectónico
Nos gusta partir del plano porque permite centrarnos en medidas concretas, proporciones, relaciones numéricas y geometría. El momento inicial de comenzar a pensar un proyecto, cuando el plano es un esquema, es bonito porque concentra lo esencial, una intención. En este primer acercamiento pueden aparecer también elementos más imaginativos o sensoriales que transmiten ilusión y permiten articularse en un discurso común, pero siempre orbitando alrededor de un plano concreto, sin restarle importancia.
A medida que se incorporan decisiones el plano va aportando sustanciales mejoras: que un espacio tenga las dimensiones concretas para el uso que va a albergar o que haya una lógica métrica, estructural y constructiva.

Los planos como capas de información dentro del proceso de proyecto
Siempre repetimos que entendemos cada proyecto como un proceso aditivo, en el que se superponen nuevas capas como en una cebolla a medida que aumenta su complejidad y en el que intervienen progresivamente más agentes. Este desarrollo se construye siempre sobre una base sólida y se despliega paso a paso, casi como una receta que se sigue y se ajusta a lo largo del proceso. En este contexto, los planos se convierten en la herramienta que nos permite ordenar, registrar y hacer visibles esas capas, articulando las decisiones que van dando forma al proyecto y a los que acudimos cuando hay que realizar modificaciones o resolver dudas en el proceso: decisiones en relación a la experiencia espacial u otras constructivas, estructurales o de las instalaciones.
Compartimos una filosofía que nos lleva a perseverar en las soluciones y, desde una mirada analítica, alcanzar la síntesis conceptual de cada proyecto. A través del dibujo y la elaboración de planos, este análisis se materializa en relaciones espaciales, proporciones y recorridos que anticipan la arquitectura antes de ser construida. Así se configura un proceso que define nuestra manera de hacer arquitectura y que nos guía, con precisión y coherencia, hacia las soluciones que consideramos adecuadas.

El plano como reflejo de una manera de entender la arquitectura
El plano se realiza de una manera u otra en función de su cometido y de quién va a realizar su lectura. Un plano es como un texto, que se escribe con un tono diferente en función de quién sea su receptor, de ahí la importancia de las capas. Un cliente privado, por poner un ejemplo, no va a necesitar saber cuál es el recorrido exacto del discurrir de las instalaciones pero sí dónde aparecerán ubicados los mecanismos eléctricos, pues esto le transmite dónde poder, por poner un ejemplo muy básico, ubicar una lámpara de suelo junto a una butaca donde le gusta leer los domingos por la tarde, o desde dónde poder batir huevos para cocinar su postre favorito. Así que un mismo plano, en función de las capas que se activen o desactiven nos transmitirá un objetivo diferente.
Un plano puede ser bello y entendible. Feo e indescifrable. O todo lo contrario. En un mundo dominado por la imagen y, en cierto modo, el engaño que esta puede provocar, acudir a un plano da, para nosotras, seguridad y respuestas. Un plano asegura una buena arquitectura del mismo modo que un plano también desviste costuras y es capaz de hacer patente un mal proyecto. Por eso buscamos que nuestros planos sean bellos, sí, pero sobre todo claros, precisos y fáciles de leer. Planos que, incluso en las fases más tempranas de un proyecto se detecte una preocupación, por un lado, de la experiencia espacial: cçómo se recorre un espacio y cómo se habita; y, por otro, una preocupación por la construcción: esquemas constructivos que reflejen de la manera más fidedigna pero sobre todo que sean capaces de transmitir la información de forma intuitiva.
Por ir finalizando, un plano habla de quien lo dibuja, de sus obsesiones y de la forma en la que piensa: cada arquitecto que dibuja tiene una manera de entender el mundo y acercarse a un realidad, y ello sin duda se plasma en la manera en que dibuja, en que transmite una idea. Podríamos decir que cómo dibujar es casi un manifiesto que resume cómo pensamos y cómo entendemos la arquitectura.