Hacer una buena casa
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La mayor parte de los proyectos que realizamos en Piano Piano son viviendas privadas de diferente tipo: reformas, rehabilitaciones o construcciones de obra nueva en las que a veces el promotor no es el usuario final, pero sí lo es en la mayoría de las ocasiones. Y en ese caso, además de un esfuerzo y una planificación económica considerable, también existe una ilusión por tener un proyecto propio. Poder mantener la ilusión inicial de quien confía en nosotras a lo largo del proceso es algo que tenemos muy interiorizado en el estudio y que hace que sintamos mucha responsabilidad.
¿Buscas un estudio de arquitectura para hacer tu casa?
Si has llegado hasta aquí porque estás en búsqueda de un estudio de arquitectura que pueda dar forma a tu casa soñada, te invitamos a seguir leyendo.
Hace ya un tiempo venimos reflexionando sobre la necesidad de explicar nuestro trabajo como estudio de arquitectas, poder hacer ver por qué somos necesarias en el caso que tu objetivo sea tener una buena casa. Quizás en otros tiempos no era necesario porque estaba bien claro, para bien o para mal, qué hacía un Arquitecto (sí, con mayúscula y en masculino), y existía cierto respeto consensuado.
Hacer arquitectura en un momento raro
Pero actualmente nos encontramos en un momento raro, en el que la competencia se ha multiplicado, a menudo desde la precarización o el intrusismo; las redes sociales aceleran y volatilizan las tendencias; y un estudio con vocación de detalle y artesanal como el nuestro puede llegar a percibirse como algo superfluo o innecesario. Entendiendo aquí el detalle no como un añadido, sino como una forma de indagar en las profundidades de un proyecto.
Por otro lado, los obstáculos crecen por factores que nos son ajenos (inestabilidad económica, precios al alza que en el mejor de los casos se estabilizan pero no bajan) que hacen que la ilusión vaya quedando soterrada por costes que son impredecibles y el esfuerzo dedicado a encontrar empresas capaces de ejecutar determinados proyectos y adaptarse a los tiempos deseados. Por otro lado, la burocracia ralentiza cualquier proceso y la lentitud en la concesión de licencias hace muchas veces inviable la posibilidad de construir.
Hacer una casa con IA
Para más inri, no podemos no querer ver que la Inteligencia Artificial a nivel usuario ha democratizado la producción de imágenes e ideas hasta el punto de que resulta cada vez más difícil distinguir el conocimiento de la mera apariencia o proponer soluciones diferentes a las de una imagen preconcebida, lo que nos hace en ocasiones perder el control frente a un cliente que viene con imágenes procesadas por IA de las que ya se ve incapaz de salir. Y asumimos que es difícil competir con algo tan sencillo y tan complaciente.
Podría parecer que la presencia de un estudio de arquitectas conlleve la necesidad de más burocracia y necesidad de tratar también con una empresa constructora “un completo fastidio, cuando hay quien ofrece un 2×1”, podría pensar más de uno.
O incluso, alguien podría hacerse la pregunta de, ¿por qué contar con vosotras si puedo hacer mi proyecto con la IA (alguien habrá que luego me lo firme) o irme con quien me lo ofrezca más rápido, más barato y más vistoso? Ay, amiga, date cuenta…
Una arquitectura que no tenga que demostrar que es buena
Asumiendo todo esto, ¿cómo podemos hacer una arquitectura que no necesite demostrar que es buena y necesaria en un contexto que parece exigirnos precisamente demostrarlo todo el tiempo?
Paradójicamente, el intrusismo, la precarización y lo que supone para un profano valerse de herramientas que le hacen creer que puede dar forma a un proyecto de arquitectura sin conocimientos, no reduce la necesidad de buena arquitectura sino que, a nuestro modo de ver, la hace más evidente, ya que es más fácil, si no hay ojos bien abiertos, que el producto resultante sea un “gato por liebre”. Alejandro de la Sota, arquitecto de mitad de siglo XX, le daba la vuelta al refrán y defendía precisamente lo contrario: «dar liebre por gato». La idea era maravillosa porque condensaba toda una ética del proyecto: ofrecer más de lo que aparentemente se da.
Así que, en este momento de incertidumbre, en Piano Piano nos aferramos a ella precisamente para diferenciarnos de quienes compiten de una manera burda o generalista por llamar la atención o dependen de manera total de tendencias banales o intentan demostrar su “alto valor” de la mano de eslóganes comerciales pero superfluos en su contenido. Porque si la arquitectura es buena, se revelará en el uso y en el tiempo, a la vez que responderá a un lugar, a quienes la habitan y a las posibilidades reales de construirla.
Y sabemos que todo esto es difícil en un contexto de tanta competencia, muy a menudo desleal, en el que hacerse visible parece exigir apoyarse en múltiples imágenes o en discursos grandilocuentes que, a nuestro parecer, resultan vacíos cuando sirven únicamente para justificar el valor de una arquitectura. Una arquitectura que, cuando es mala, paradójicamente suele presentarse como rápida y fácil, sin los aparentes obstáculos ajenos al propio proyecto que enumerábamos unos párrafos atrás.
Entonces, ¿para qué estamos nosotras?
En nuestro imaginario, dar forma a la casa para alguien supone adentrarnos en vidas ajenas, fisgonear incluso en su privacidad, pensar en rutinas domésticas con dedicación, cariño y cercanía. Esta manera de proceder dista mucho de replicar una solución que ha funcionado, o que se asume que funciona, en otro contexto, para otras personas y en otro lugar. Y no es para menos, ¿no? ¡Estamos intentando mejorar la vida de personas con nombre y apellidos!
Y es por eso que, más allá de un proceso farragoso y no sin dificultades, que en cierta manera asumimos que lo es, debería seguir siendo ilusionante para quien ha decidido llevarlo a cabo. Y este es el objetivo que perseguimos en Piano Piano. En el trabajo de estudio intentamos que quienes depositan su confianza en nosotras sientan que así es, que se puede mantener una ilusión a pesar de los inevitables escollos del camino. Intentamos hacer equipo y ser pedagógicas. Y esto también implica contar las dificultades, ser realistas o extender los procesos si el proyecto lo exige.
Trabajar con rigor para nosotras tiene bastante que ver con esto, con saber dónde están las dificultades y no esconderlas, pero tampoco dejar que acaben ocupándolo todo.
Y no se trata de renegar de lo que viene, faltaría. Utilizaremos nuevas herramientas, cambiará nuestra manera de trabajar y nos adaptaremos a nuevos tiempos, pero sin que por el camino se nos olvide por qué hacemos las cosas de una determinada manera y para quién las estamos haciendo.
- * La imagen pertenece a la miniatura de enero del manuscrito ‘Las muy ricas horas del duque de Berry’ de los hermanos Herman, Paul and Johan Limbourg. La imagen nos transmite abundancia, ceremonia, acumulación, lujo, representación del poder… un demasiado de todo, de demostrar valor